Dios no se fija en las apariencias sino en el corazon

 

 

Dios no se fija en las apariencias, sino en el corazón

Una compañía de cosméticos en Singapur, para promocionar sus productos de belleza, estampo en la tapa de sus envases la imagen de Jesucristo, acompañada de esta inscripción: “El Rey de los reyes, lo notara”.

La elección del Rey

Narra el libro del profeta Samuel, que cuando Dios envió a Samuel a la casa de Jesé en Belén, para ungir como profeta a uno de sus hijos, Samuel al llegar pidió a Jesé reunir a sus hijos. Cuando ellos se presentaron vio Samuel a Elías, un hombre de gran apariencia y se dijo: “Sin duda este es el ungido de Dios”, pero Yahvé dijo a Samuel. “Yo lo he descartado”, el hombre se fija en las apariencias, pero Dios se fija en el corazón “así pasaron 7 hermanos ante el profeta que por cada uno consultaba a Dios, ninguno de ellos fue aprobado.

Pregunto entonces Samuel a Jesé ¿no quedan más muchachos? El respondió: falta el más pequeño, que está cuidando un rebaño. Dios dijo a Samuel: “úngelo con el aceite, conságralo porque este es” (Puede usted leer el Capítulo 6 del primer libro de Samuel).

Dice también la Palabra del Señor: “En ese pondré mis ojos, en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras”.

Sin descuidar la presentación personal

Por supuesto que no se debe descuidar la presentación personal. Un santo recomendaba “en el vestir, ni mancha, ni roto”. Si la gente se liberara de las modas, y de los cosméticos, el presupuesto personal y familiar rendiría más.

Lo más importante, Un Corazón puro

Si quieres que el Rey de los reyes se fije en ti, preséntale un corazón puro, esto es, cumple la voluntad de Dios, pues no es en las apariencias si no en el corazón, en lo que se fija El Señor, preséntate sin altivez delante de Dios, con humildad; Él se vale de lo humilde y sencillo: como  la Virgen María, la Esclava del Señor, proveniente de un pequeño caserío, ella la humilde y sencilla.  Recordemos que Jesús también nació en un humilde pesebre de un pequeño pueblo.

Vale la pena recordar; al respecto lo que dice el libro de los proverbios: “Un corazón puro, hermosea el rostro”.

 

Pbro. Luis Duván Perez Aguirre.

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