APÓSTOLES DE LA MISERICORDIA Y JUAN PABLO II

Es Voluntad de Dios realizar sus proyectos, cuando Dios quiere a una persona para una misión especial, propicia sus caminos de formación, lo llama, lo forma. Así a Moisés en el Monte Horeb, así a Pablo en Damasco, así a la mayoría de Apóstoles en sus faenas de pescadores, así a Juan XXIII el Papa Bueno, para convocar y presidir un Concilio y mostrar la bondad de Dios al mundo, así a Karol Wojtyla, a quien hizo nacer hijo de un militar polaco, que con amor también le fue orientando el temple del carácter, como cuando de niño lo invitaba a subir a la montaña, muy de madrugada, a caminar por entre el bosque y a veces en la nieve y así las montañas siempre serán un atractivo para Juan Pablo II.

 

Solo 45 años tenía doña Emilia, la madre que le enseñó a orar y amar a la Virgen María, sólo 45 años y el niño9 cuando ella partió de este mundo.

De joven al mismo tiempo estudiante y obrero, aprovechando cualquier rato para leer.

 

Conoció de joven las obras espirituales de San Juan de la Cruz, se guarda como un tesoro un precioso ejemplar que el joven Wojtyla estudió donde se lee en su portada: “Obras espirituales-que encaminan a un alma a la perfecta unión con Dios”. Toda una experiencia que le ayudará a examinar y comprender el mensaje de la Misericordia en el Diario de Sor Faustina.

 

Aunque Juan Pablo II o Wojtyla no se encontró con Sor Faustina en la vida terrena, Dios supo entretejer estas 2 vidas: Sor Faustina había muerto en 1938 a la edad de 33 años en Cracovia, entonces Karol Wojtyla tenía 18 y vivía también en Cracovia. EN su biografía aparece que Wojtyla joven solía pasar a la Capilla del Convento de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia para orar y que en alguna de esas visitas le hablaron del legado de la Hna. Faustina y le invitaron a orar la Coronilla de la Divina Misericordia .

Pasaron los años y se inicia el proceso de beatificación de Sor Faustina por el Obispo de Cracovia en el año 1965 y en el año de 1968 ya hecho Cardenal Wojtyla, cierra toda la información diocesana sobre el proceso y lo envía a Roma, ni se imaginaba que Dios lo tendrá destinado para que siendo Papa promulgara la beatificación y posterior canonización de Sor Faustina el 30 de Abril del año 2000, ese mismo día el Santo Padre decretó, por Voluntad Divina para la Iglesia Universal que el Segundo Domingo de Pascua se llame Domingo de la Divina Misericordia, como Jesús  dijera: “Prometo que en ese día derramaré un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al Manantial de la Misericordia. En ese día están abiertas todas las compuertas Divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ninguna alma tema acercarse a Mí. Los más graves pecados serán perdonados “. Quien se acerque a los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, conseguirá la remisión total de las culpas y de las penas.

 

Actuando en consecuencia con las palabras y el deseo del Divino Maestro, el Santo Padre estableció la Indulgencia Plenaria para quienes ese día participen en la Fiesta y puedan comulgar en estado de gracia y oren por las intenciones del Sato Padre.

Si el Bautismo borró todos nuestros pecados y también el pecado original, lo de hoy para quienes puedan comulgar en estado de gracia, equivale a un nuevo bautismo, y si el bautismo es catalogado como un nuevo nacimiento, lo de hoy vivido como debe ser, es un nuevo nacimiento. Dicho indulto puede aplicarse también a las almas de los difuntos.

La imagen de Jesús Misericordioso que se puede apreciar  corresponde a una copia dela original que mandó pintar Sor Faustina, por orden del mismo Jesús, fue la única imagen de Jesús Misericordioso que Santa Faustina conoció y de la que Jesús le dijo: encaja perfectamente el rostro, con el rostro de la Sábana Santa (de Turín).

Dice Jesús: “Mi Misericordia es la última oportunidad, antes de Mi venida como Juez Justo”. No tenga Jesús que llorar de nuevo: “Porque no reconocisteis el momento de Mi venida”.

Lo tenemos todo para ser fervientes devotos de la Divina Misericordia y convertirnos en Misioneros de la Misericordia, cada uno debe pensar qué podría hacer para realizarlo, dice Jesús: “Las almas que suplican mi Misericordia son Mi deleite”, cada uno debe preguntarse  cómo puede obtener la Misericordia de Dios, pidiéndola, deseándola desde un corazón purificado y fervoroso, viviendo en gratitud con el Padre Celestial, es decir hacerse “grato” para Dios con el pensar, sentir y obrar de acuerdo a Su Voluntad.

Animémonos pues a vivir en la Misericordia de Dios y veremos cumplidas sus Palabras: “Bienaventurado quien viva al amparo de estos rayos”.

 

¡Feliz Fiesta de la Divina Misericordia!