El Bautismo nos da un Tesoro

Cuando se corre la noticia de una mina de oro, mucha gente se moviliza.

Cuántos esfuerzos se hacen en la búsqueda de un tesoro o de un capital o de una riqueza, a veces algunas personas renuncian hasta a  la familia sus amistades, su pueblo y se someten a duros sacrificios y privaciones, riesgos y  no tienen seguridad de encontrar lo que buscan y si lo encuentran es apenas algo material; un día ya no lo necesitarán y muchos les sirve para perdición; qué pocas son las personas que están dispuestas a la renuncia; al sacrificio, para encontrar el más valioso Tesoro, el que no lo robarán los ladrones, del que se puede disfrutar en la tierra y en el cielo eternamente.

Jesucristo es el Tesoro. También hay quienes habiéndolo encontrado, lo han perdido por descuido.

Quien descubre el Amor de Dios, Padre, Hijo, Espíritu Santo, se llena de alegría y quiere dejarlo todo con tal de  ganar a Cristo, como lo decía San Pablo: “ Todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo”.

Quien encuentra un tesoro, quiere contemplarlo y quien encuentra a Jesús también quiere contemplarlo: orando, buscándolo en la Eucaristía , sirviendo a los hermanos, comunicando con alegría en la Palabra.

Hay quienes no aprecian el tesoro, o tienen ceguera espiritual o están esclavizados por el pecado y sin anhelos de libertad.

Busca a Jesús, el  verdadero Tesoro.

Después de encontrarlo, cuídalo.

Repártelo para que se engrandezca. Pregúntate:

¿Qué está estorbando en tu encuentro con Jesús?

¿Cómo saber si Cristo es para ti verdadero tesoro?

¿Dios puede preguntar qué hiciste con tu vida?

Y si alguien responde hice una fortuna, deberá también decirle cómo la hizo y que hizo con ella.

 
 
Luis Duván Pérez Aguirre Pbro.
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